“Infertilidad Sin Causa Aparente” o ESCA es el nombre que la medicina reproductiva le asigna a los casos en los que no se logra determinar por qué una pareja no puede concebir el embarazo, Con los avances tecnológicos de las últimas décadas se logró concebir el perfeccionamiento de las técnicas de diagnósticos en donde se redució el 15% el número de los casos de Infertilidad sin causa aparente, lo que dificulta la elección del tratamiento específico para cada persona o pareja que deseaba llegar al embarazo.

“Tiempo atrás, la cantidad de pacientes con Infertilidad sin causa aparente era casi el doble de lo que es hoy. Pero el perfeccionamiento de las técnicas de diagnóstico ha permitido dar una respuesta a un número cada vez mayor de pacientes”, destacó el Dr. Santiago Brugo Olmedo, especialista en Medicina Reproductiva y Director Médico de Seremas.

Un claro ejemplo de este avance es el que ha protagonizado el espermograma, que es la herramienta clave para el diagnóstico de los trastornos de fertilidad masculinos. “Hoy, la microscopía electrónica nos permite estudiar al espermatozoide con una magnificación de 60.000 aumentos contra 400 aumentos que es lo habitual, y eso nos permite verlo con mucho detalle, incluso por dentro, y diagnosticar distintas enfermedades –explico el Dr. Brugo Olmedo–. En la actualidad también contamos con modernos estudios del ADN del espermatozoide, que cuando presenta alteraciones es generador de pérdidas de embarazos tempranas”.

No solo se vió beneficiado la reducción del número de infertilidad sin causa aparente en el hombre, sino que la infertilidad femenina aplica para este descenso. “Hoy se entienden y se diagnostican mucho mejor las disfunciones ováricas que llevan a problemas en el ciclo menstrual, problemas de ovulación o incluso problemas más sutiles en mujeres que ovulan y menstrúan regularmente pero que producen óvulos de no muy buena calidad que dificultan lograr un embarazo”, agregó.